Dormir, comer y el resto de actividades forman parte del ciclo fisiológico de 24 horas conocido como ritmo circadiano. Este reloj interno es controlado por las neuronas de una región cerebral llamada núcleo supraquiasmático (NSQ), y en condiciones normales, la “reprogramación” de este reloj se basa en la luz. Eso explica que cuando viajamos de una zona horaria a otra, el cuerpo termina por adaptarse a los ciclos noche-día del nuevo territorio (aunque en el proceso se sufra el famoso “jetlag”).
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