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El cabo Martínez murió sin conocer a su hijo, que se había vuelto un símbolo contra el secuestro.
"Escribo esta carta a ustedes con el fin de pedirles que mire este niño que tan solo tiene 12 años de edad y suplica por la liberación de su padre, que ha tenido que crecer sin el calor de él". El 20 de enero de 2011 Johan Steven Martínez hacía un nuevo llamado para que las Farc, de una vez por todas, se decidieran a liberar a su padre, el cabo del Ejército Libio José Martínez. Era un intento más de este pequeño que nació poco después de que su padre fuera secuestrado el 21 de diciembre de 1997 cuando se encontraba en la base de comunicaciones de Patascoy, en límites entre los departamentos de Nariño y Putumayo. Johan se dio a conocer ante el país cuando Juanes, durante un concierto que realizó en Bogotá, lo invitó a subir a la tarima y le dio un gran abrazo. Pero ya antes, mucho más pequeño, asistía y se dejaba ver en todas las marchas por la libertad de los secuestrados que organizaban en su municipio natal, Ospina, y en Pasto, capital de Nariño, en contra del secuestro. Luego, el 16 de abril de 2009 e inspirado por el profesor Gustavo Moncayo, decidió recorrer a pie los 100 kilómetros que separan a Ospina de Pasto. Y el 27 de mayo comenzó su travesía. Fueron dos días de frío, ampollas en los pies y cansancio, pero lo logró. Y fue recibido en la capital de Nariño con una ovación. Esa marcha lo puso en el centro de atención de la comunidad internacional y más cuando en los últimos dos años fue él quien se puso al frente de la lucha por el regreso de su padre, del que tiente 21 cartas y videos, que ha logrado enviar como pruebas de supervivencia. Pese a esto, las Farc fueron sordas a su clamor. Johan tuvo que ver cómo, con cuentagotas, esta guerrilla libró a algunos de los compañeros de cautiverio de su padre, entre ellos a Pablo Emilio Moncayo, compañero de Libio. Tras esa liberación, el cabo se convirtió en el secuestrado más antiguo en poder de las Farc. Pero no sólo eso. La Operación Jaque, en la que fueron liberados, entre otros la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y la acción militar que permitió la liberación del general Luis Mendieta junto con tres uniformados más, convirtieron a Martínez en uno de los secuestrados más ‘simbólicos’ para las Farc y a Johan en un referente de la lucha contra este flagelo. Esto, porque en medio de las alegrías por la libertad de un secuestrado, Johan siempre se hacía oír con un clamor por la liberación de su padre. De hecho, tiene en su poder el teléfono de la ex senadora Piedad Córdoba, a quien solía llamar para pedirle que mediara por la liberación de su padre. Una nueva caminata En 2010, Johan decidió volver a caminar. Esta vez desde Pasto hasta el municipio de Ancuya, acompañado por unas 80 personas. Durante ese trayecto se conoció la que sería la última imagen de su padre vivo, en una prueba de supervivencia. En ella, le dedicaba un poema. Johan no pudo contener las lágrimas y la preocupación por el estado de salud del uniformado. “Mi papá está muy acabadito, pero a pesar de eso lo observo con mucho ánimo y con muchas ganas de seguir adelante”, dijo en ese momento el pequeño estudiante de la Normal Nacional de Pasto. Y los clamores siguieron. Este año le pidió en una carta dirigida a ‘Alfonso Cano’ el jefe máximo de las Farc abatido recientemente por las Fuerzas Militares, que le permitiera, por fin, abrazar al padre que le había arrebatado antes de nacer. "No entiendo cuál es el motivo, ni la razón por la cuál no han anunciado la liberación de él. Señor Alfonso Cano, yo se que usted debe tener hijos, y en alguna oportunidad usted comparte momentos alegres y tristes en los cuales usted les puede dar su apoyo", escribió Johan. Luego vino una nueva caminata, otra vez hasta Ancuya. Pero las Farc jamás cedieron. Por el contrario, ante una incursión del Ejército, decidieron asesinar a sangre fría a Libio José Martínez, junto a tres de sus compañeros. No valieron las súplicas, ni las caminatas, ni los ruegos, ni las oraciones. Las balas de la guerrilla separaron a Johan de su padre para siempre. |